Soy Maribel Gázquez

Si vinieras a mi casa, te haría un té y nos sentaríamos en la cocina,
esa donde se habla de lo que de verdad importa.

Y te diría algo sencillo:
“No tienes que poder con todo, de verdad”.

Durante años yo también fui la mujer que sostenía, resolvía y seguía…
hasta que el cuerpo dijo “basta”.

Hoy acompaño a mujeres que se sienten cansadas, desconectadas o
agotadas a bajar revoluciones, escucharse sin juicio
y recuperar la forma más bonita y amable de estar en su vida.

Desde la naturaleza.
Desde el cuerpo.
Desde lo cotidiano.

Sin exigencias.
Sin perfección.
Con presencia, calma y alguna risa por el camino. 

La clave para recuperar tu armonía está en la naturaleza


Siempre he sentido que la tierra guarda el secreto para que podamos volver a nuestro centro.


Yo lo descubrí cuando era niña.
Mi padre, ganadero, me enseñó a observar los ritmos de la luna en los partos de las vacas y en el crecimiento de los cultivos.


Mi madre me llevaba a recoger manzanilla, romero, hinojo y tomillo…

La casa olía a campo, a hogar, a medicina antigua.


Ella me mostró que la naturaleza tiene todo lo que necesitamos para acompañar al cuerpo, a la mente y a las emociones.


A partir de ahí, aprendí a escuchar el mundo y escucharme.


Mi conexión con la naturaleza se expresa así:


El mar me recuerda que todas las emociones son válidas.

A veces agitadas, a veces en calma. Todas necesarias.


Caminar por la playa al atardecer me carga de luz y energía.


El aceite esencial de naranja me devuelve a mi infancia corriendo entre los naranjos con mi hermano.


Observar las plantas del campo me conecta con la Mujer Alquímica que soy y con el legado del Dr. Bach.


La siempreviva silvestre trae armonía a mi hogar. Cada primavera la recojo, despido la del año anterior y agradezco todo lo vivido.


He pasado de ser Caperucita… a ser Loba.

Cuidándome, cuidando y empoderando a otras mujeres.
La curiosidad es el fuego que enciende mis días.


La risa es mi medicina favorita. Siempre vuelve para recordarme el camino.


Acompañar a personas dependientes me recuerda que lo importante no es hacer más, sino hacer lo que importa.
Vivo para ser. Sin máscaras. Sin compararme. Aceptando mi vulnerabilidad con gratitud.


He soltado el tambor y la guitarra de la mujer orquesta.
Yo también intenté encajar en esa rueda de productividad constante.
Me convertí en esa mujer fuerte que sostiene todo… hasta que el cuerpo habló.


Sé lo que es abrazar la sombra, poner nombre al dolor, y volver a mi.
Y sé que merece la pena.


Ahora es tu momento
Si quieres recuperar tu armonía, entender tus ciclos y aprender a usar tu energía de forma amorosa, consciente y poderosa…


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Mi forma de acompañarte

Siéntate, respira.

Aquí no hace falta demostrar nada.

No tienes que poder con todo.

Cuando una mujer llega a mí, llega con su ritmo y con su historia.

Yo la recibo así: con calma, sin exigencias, sin juicio.

Hablamos como si estuviéramos en la mesa de mi cocina, con una taza de té caliente entre las manos.

Mi forma de acompañarte no tiene prisa.

No va de empujar ni de “arreglar” nada.

Va de que vuelvas a escucharte.

A tu cuerpo.

A tu emoción.

A tu manera de sentir.

Yo estoy contigo.

Sosteniendo.

Acompañando.

Haciendo espacio para lo que necesites traer.

Quiero que cuando te vayas de la sesión, te sientas acompañada y entendida.

Como cuando alguien te mira de verdad y respira contigo.

Eso es lo que hacemos aquí.

Volver a ti.

Con suavidad, pero con verdad.